En posición horizontal, la notebook entre los dos transmite la película que esta noche  miran la mayor parte de los enamorados clase media trabajadora del mundo. Ponemos pausa para saltar a hacer pis o volver atrás una parte o un gesto. Antes hacíamos lo mismo solos,  dos puntos rojos distanciados en el google maps a varias combinaciones de distancia. Ahora, cuando la película termina, fumamos juntos del mismo cigarro – el último que queda, nadie va a moverse – y discutimos el encuadre de la inseguridad, la teatralidad de los gestos diarios, el ocaso de los galanes maduros que invariablemente fuimos los dos, la verosimiltud latiendo entre lo que hay y lo que pensamos que tendríamos. Después y sin lavarnos los dientes, apagamos la luz, y soñamos dos versiones individuales de lo mismo.