“¿Una meta? ¿Acaso la manzana tiene una meta? Existe, es ist so. ¿Un objetivo en la vida? ¿Un objetivo para una manzana? Solo existe el impuslo, un punto impulsivo por el cual la manzana comienza a crecer en lo profundo, en la semilla, y después de a poco más y más…
Mientras uno no pretenda querer entenderlo todo…
La naturaleza es generosa, no se guarda nada, no cuenta generaciones, no contabiliza el tiempo, no tiene objetivo. Hay que ser lo que se es y serlo plenamente, como la naturaleza”
“Camino por los campos detrás de las barracas. Los alemanes están arando los campos y plantando papas. Enormes carros detenidos a la vera del camino. Los campos y los jardines están repletos de personas limpiando, cavando, acarreando. Una brisa de primavera sopla en los campos, ahora después de la lluvia. Un bello verde primaveral. Aquí la naturaleza y los hombres trabajan juntos otra vez en armonía. Y a su lado, la barraca.
Qué diferente es nuestra vida, qué anormal. Pero van a sucederse los años y estas barracas quedarán vacías; el campo de refugiados va a cerrarse. Sólo el verde, estos bosques y las colinas van a permanecer, y el viento aún va a soplar como si nunca hubiera habido otra cosa.”
“Pero ¿qué sabemos del amor? Es más difícil amar a una mujer como se ama a una flor, que amar a una mujer como se ama una mujer; y mucho menos frecuente, también.”
De Ningún lugar a donde ir, Caja Negra, Buenos Aires, 2008